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La mujer está recluida en la cárcel El Buen Pastor, mientras que su esposo se encuentra en La Picota. Ambos se pueden ver solo 50 minutos al mes.

La justicia colombiana es un tema que despierta varias controversias, pues hay casos en los que personas que cometen delitos menores son sentenciadas a largas penas, mientras que otras, cuyos delitos son más graves, pueden llegar a quedar libres en cuestión de horas.


Sandra, una mujer que se encuentra recluida en la cárcel de El Buen Pastor, fue condenada a 14 años de cárcel por comerse un pollo asado que no pagó en un almacén. A pesar de ser un delito menor, fue acusada de utilizar a menores de edad al momento del robo, lo que agravó su situación y la llevó a una condena excesiva.


En una entrevista Sandra explicó que su situación económica no era buena cuando cometió el delito. Un día, el colegio de su hijo la llamó para decirle que se había desmayado por hambre, por lo que decidió tomar un pollo asado que no pagó. Los guardias de seguridad la descubrieron y llamaron a la Policía.


Sandra fue liberada después de unas horas, pero meses después la Policía la detuvo nuevamente. Esta vez le informaron que tenía una condena de 13 años y 8 meses por el delito del pollo asado que no pagó. Desde entonces, ha pasado la mayor parte de su tiempo en la cárcel.


A pesar de su situación, Sandra ha logrado hacer una nueva vida en prisión. Se ha desempeñado como profesora y ahora es representante de derechos humanos. Sin embargo, su esposo se encuentra recluido en La Picota y solo puede verlo una vez al mes durante 50 minutos.


Este caso es un ejemplo de cómo la justicia colombiana puede ser desproporcionada y afectar a personas que cometen delitos menores. La condena de Sandra por un pollo asado que no pagó es un reflejo de la necesidad de reformas en el sistema de justicia penal en Colombia.


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