Jaime Vásquez, quien además de su labor religiosa ocupó una curul en la Cámara de Representantes por el Partido de la U, había sido denunciado desde 2013 por Francisco Javier Bohórquez, quien aseguró haber sido víctima desde los 13 años, cuando se desempeñaba como acólito en la Iglesia del Divino Niño.
Según el testimonio, los hechos habrían ocurrido bajo engaños y presiones, y posteriormente el denunciante también habría sido llevado ante el hermano del excongresista. En su momento, los señalados negaron los hechos y sostuvieron que existía una relación de amistad.
Sin embargo, tras más de una década de proceso judicial, una decisión en casación de la Corte Suprema de Justicia permitió avanzar en la ejecución de las capturas, respaldadas por pruebas recopiladas durante la investigación, entre ellas grabaciones y análisis forenses.
Los hermanos Vásquez permanecen bajo custodia mientras se define su traslado y se formaliza el cumplimiento de la sentencia.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa el debate nacional sobre la protección de menores y la responsabilidad de figuras con poder, así como la persistencia de las víctimas en la búsqueda de justicia.
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