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Un operativo sorpresa del Inpec permitió la incautación de 500 celulares en la cárcel de Bogotá, en una intervención dirigida a frenar las comunicaciones no autorizadas desde el centro penitenciario.

Una sorpresiva requisa en la cárcel La Picota, en Bogotá, dejó al descubierto cientos de teléfonos celulares que permanecían en poder de los internos. El procedimiento, adelantado por el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), permitió decomisar cerca de 500 dispositivos y afectó las comunicaciones de aproximadamente 7.000 reclusos.



Entre los internos mencionados en el contexto de esta intervención se encuentran Wadith Manzur y otros presos considerados de cuello blanco, cuya situación ha despertado interés público por los procesos judiciales en los que están involucrados.



El operativo se habría concentrado en retirar dispositivos móviles y elementos utilizados para facilitar conexiones a internet dentro del establecimiento penitenciario, con el propósito de reforzar los controles y limitar las comunicaciones no autorizadas desde las celdas.



La incautación vuelve a poner en discusión las dificultades que enfrenta el Inpec para controlar el ingreso y la utilización de teléfonos celulares en las cárceles del país, así como la posibilidad de que estos equipos sean empleados para coordinar actividades ilícitas desde los centros de reclusión.



La intervención también genera interrogantes sobre los mecanismos de vigilancia y control que se aplican en La Picota, especialmente frente a internos de alto perfil que permanecen privados de la libertad.


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