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Este martes 18 de mayo se cumplen siete años del trágico accidente en el municipio de Fundación. En el inolvidable hecho, 33 niños y un adulto perdieron la vida al quedar atrapados en un bus que se incendió completamente.  




El trágico accidente ocurrió en la mañana de un domingo del 2014, cuando los niños acompañados de un adulto regresaban del servicio dominical de una iglesia pentecostal ubicada en el barrio Altamira, de la denomina ‘Esquina del Progreso’.



 

Testigos del hecho señalaron que el bus se había quedado varado frente al estadio de fútbol Rafael Castañeda. El conductor, Jaime Gutiérrez Ospino, descendió para tratar de arreglarlo y ponerlo nuevamente en marcha; fue en ese momento cuando unió dos cables que generaron un cortocircuito que terminó consumiendo en llamas el viejo automotor.




No pasaron muchos minutos, cuando varias personas de la comunidad estaban al frente del bus, algunos lograron sacar a varios niños, sin embargo, el bus se consumió rápidamente que la mayoría impotentemente solo les quedó ver como el vehículo se terminaba de consumir con los pequeños en su interior.  



 

Sandra Quintero y David Terraza perdieron a dos de sus cuatro hijos en el fatal accidente. Serith de cuatro años y Yerison de siete años (que hoy tendrían 11 y 14 años) quedaron dentro del vehículo que se consumió en llamas.  




En el fatídico día, Sandra estaba en su casa junto a David, como pareja se repartían los oficios, uno limpiaba y otro cocinaba, esperando a sus tres hijos, quienes se habían ido con una vecina a escuchar el servicio en una iglesia evangélica pentecostal.



 

A eso de las 11:40 a.m. su hijo mayor, Kener, llegó corriendo en medio del llanto y gritando. Iba solo. “Nos decía que corriéramos, yo en un primer momento le entendí que el bus se había volteado, pero él tenía un desespero, lo abracé y estaba caliente, se había quemado parte de su cabello y una oreja, y luego en medio de sus gritos desesperados, entendí que el bus se estaba quemando y sus hermanitos estaban adentro”, cuenta Sandra Quintero.



 

Esa terrible noticia no solo desesperó a Sandra y a David, sino a la mayoría de las familias de la calle 20 con carrera 11 del barrio Faustino de esa localidad, pues varios niños que vivían en esa calle iban en el bus.




“Salimos corriendo, pero ya el bus estaba prendido…Jamás olvidaré ese momento, es algo inolvidable, yo cuando vi el bus, me derrumbé, mi hijo fue sincero, él me dijo que sus hermanitos estaban dentro del vehículo, estábamos conscientes que ellos estaban allí”, expresó con voz quebrada la madre de dos angelitos víctimas de la tragedia.




Sandra agradece a Dios que su hijo Kener, quien en ese momento tenía 10 años, pudo romper unos vidrios del bus y lanzarse por la ventana. “No tuviera hijos, solo quedó él, tenía otro niño con diversidad funcional que falleció hace un tres años”.



 

Para David es un hecho al que nunca le encontrará respuesta. En la soledad, se culpa a sí mismo porque sus hijos no iban a esa iglesia. “Siempre asistíamos en familia a la iglesia donde van mis padres”.



 

Este dolor también lo siente Jhonny Barón,  "tengo un trauma, fui el primer papá en llegar al sitio y ver cómo se quemaba mi hijo y los niños, no podía hacer nada, que impotencia, nunca olvidaré ese momento”, así recuerda Jhonny Barón el día que su pequeño de cinco años, quien llevaba su nombre, falleció en la tragedia de Fundación.




Hace siete años y a la hora del accidente, Jhonny estaba a escasos 400 metros de donde ocurrió el siniestro. Mientras el bus comenzaba a incendiarse con niños y adultos en su interior, diagonal al estadio, él arreglaba una moto en un taller ubicado en el popular puente sobre el ferrocarril de esa localidad.




“Recuerdo que me dijeron que la buseta se estaba incendiando y me fui enseguida al sitio, un señor con una tranca abrió la puerta y allí en el escalón estaba mi hijo, quise agarrarlo, pero no me dejaban, eso era candela viva, hasta que alguien pudo cogerlo y me lo lleve cargado a mi casa; murió en mis brazos, no estaba quemado, murió de asfixia”, relató.




Jhonny en ese camino perdió las fuerzas de sus piernas, el dolor y el desespero le impidió seguir dando pasos. “Yo sabía que mi hijo estaba muerto, pero fue un acto de desespero, en el cual no sabes qué hacer.  Recuerdo que la gente me quitaba al niño de encima porque estaba caliente, yo no lo sentía así, al día siguiente tenía todos mis brazos llenos de ampollas por las quemaduras”.



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