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Por: Fausto A. Zapa Velásquez.

El proceso penal del caso de mi hijo que se viene desarrollando desde hace más de siete años en el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Montería es un verdadero desastre, que nosotros las víctimas no podemos calificarlo de otra manera.




Durante su desarrollo se han dado cambios de fiscales y de abogados defensores de procesados; también, se han utilizado muchas maniobras leguleyas como artificios jurídicos que, consecuentemente vienen permitiendo continuos aplazamientos y suspensiones de audiencias, agudizándose aún más esta situación de dilación con el hecho de enviar el caso al Tribunal Superior del Distrito Judicial de Montería, donde en tres ocasiones anteriores demoró muchos meses de estancamientos. Esto a pesar de tener diez a treinta días de plazo por normatividad para estudiar y resolver acerca este caso. Es decir, no se ha cumplido la norma establecida para actuar con la celeridad esperada. Toda esta situación se ha traducido en una injustificada dilación, que permitió la libertad a varios procesados, además de quebrantar las expectativas de esperanza y confianza en la justicia a las víctimas.



 

Según informe de nuestro abogado apoderado, la audiencia de instalación del juicio oral del pasado 18 de mayo fue confusa y parsimoniosa, lo cual condujo a suspenderla y aplazarla una vez más; parece ser que el nuevo fiscal del Caso Zapa Pérez no lo estudio bien, situación que posiblemente lo hizo proceder de manera apresurada e incorrecta; ésto ocasionaría de nuevo el envió del caso de mi hijo al Tribunal de Justicia de Montería, lo cual como victimas nos asusta y entristece, por los antecedentes de estancamientos que existen en dicho tribunal.




Además, aprovecho para manifestar ante la opinión pública mi gran respeto por la institucionalidad, pero el manejo que le viene dando la administración de justicia al trágico caso de mi hijo, al igual que a muchos otros casos más en el país, me debilita ese respeto; también me bajan la moral, me hacen perder la esperanza y me atribulan, agotando la poca paciencia que todavía le queda a un ser humano, víctima de personajes poderosos que maniobraron tantos eventos malévolos, haciendo demasiado daño a mi hijo y a nuestra familia. Pero además de todo ese daño sufrido desde hace más de siete largos y angustiosos años, hoy percibo que una institución, como es la justicia, también nos está afectando y revictimizando con su actuación, ya que es enredada, controversial y demasiado lenta en sus procedimientos.



 

Todo ésto queda demostrado con la cantidad de aplazamientos y suspensiones de audiencias; pero también con varios prolongados estancamientos del caso de mi hijo en las oficinas del Tribunal Superior de Distrito Judicial de Montería. Continuaremos reclamando justicia transparente y pronta, esa que se atreva a escudriñar la verdad de este trágico suceso que enlutó a nuestra familia.


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