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Durante varios años, la hasta ahora Capitán Martha Liliana  Chaverra, soñó con presentarse a laborar  con su cabello afro natural. Este sábado 10 de diciembre, ese deseo se hizo realidad después de años de esfuerzo. Ahora, esta Mayor de la Policía Nacional, se convierte en la primera mujer negra de cualquier fuerza militar o civil de Colombia en portar su uniforme y también su cabello afro suelto.


Esta historia comenzó cuando esta joven chocoana decidió incorporarse a la Policía Nacional. Siempre con un excelente desempeño, no tardó en identificar las dificultades que las mujeres  sufren dentro de las fuerzas, especialmente si pertenecen a un grupo étnico.


En el caso de las mujeres afrocolombianas, uno de los principales obstáculos aparece a la hora de lucir los uniformes oficiales. Estos les exigen alisar sus cabellos para poder lucir el sombrero policial denominado Kepis, gorras y otras prendas similares. Incluso, las mujeres no afro de cabello rizado, se ven obligadas a aplicar grandes cantidades de gel que afectan la salud de su pelo y de su cuero cabelludo.


La Mayor Martha, al igual que la gran mayoría de las mujeres afro en el mundo, no tuvo más opción que aplicar cremas alisadoras a base de Soda Cáustica en su cabello, una vez cada mes o dos. Éstas le provocaron quemaduras de segundo grado en la piel de la cabeza, oreja y bordes del rostro, además del deterioro irreversible de sus hebras capilares. Sin hablar de los problemas de identidad que esto acarrea al renunciar a su estética cultural por el simple hecho de que el cabello afro es considerado poco profesional, muy informal, sucio y desaliñado.


Ella misma relata que “es un sentir que tuve desde hace aproximadamente 14 años, al ingresar a la Escuela de Cadetes General Santander, cuando a escondidas luego de que nos pasaran a lo que policialmente llaman recogida, tenia que elegir entre pasar al descanso tras un día agobiante de formación y entrenamiento o tener que asumir el riesgo de ser sorprendida por mis superiores al encerrarme en el baño aplicarme alicer en mi cabello, porque ya no había gel o cremas para contener o laciar mi cabello afro natural, debido a que de acuerdo al doctrina institucionales el no hacerlo me generaba  “mala presentación personal» y lo que era peor me dificultaba el uso del cubrecabeza exigidos por el reglamento, llámese gorra, kepis o chacón ya que estética y estructuralmente no están diseñados para ser usado con nuestro tipo de cabello, toda vez que este requiere de un tratamiento diferente».


Además agrega que “era una total tortura! No sólo por el estrés que generaba el estar sin autorización realizando esta  actividad, sino el dolor y quemaduras a las que tenia que someter mi cuero cabelludo al tener que usar estos productos tan dañinos y tortuosos,  que por si no lo saben, contienen acidos, soda caustica, formol, etc, que afectan significativamente la salud.»


Esta es una realidad que sufren todas las mujeres afro y rizadas de las fuerzas militares y de Policía. De la misma forma, las mujeres negras en la todas las profesiones y esferas de la sociedad, con la gran diferencia que no todas tienen un reglamento que las obliga, más allá de las criticas racistas de gran parte de la sociedad. Por eso, la Mayor Martha, quien hace parte del equipo de protocolo de la Vicepresidencia de la República, emprendió esta cruzada por el derecho a vivir en su cuerpo y ejercer su profesión dignamente.


Y es que acaso, unos cuerpos son más aceptados que otros en las fuerzas militares y de Policía? No se llama esto “racismo” si son las mujeres racializadas la que deben someterse a procedimientos tan agresivos sólo por la idea errónea de que el cabello afro es sinónimo suciedad y de mala presentación personal?


Eso sin hablar del incremento en el riesgo a sufrir cáncer de útero, de seno, alopecia cicatricial, osteoporosis en el cráneo, problemas respiratorios, quistes, miomas y otros problemas de salud, como ya varios estudios científicos, médicos y entidades de salud lo han confirmado y denunciado.


La Mayor Martha expreso su preocupación y ayudo a justificar una propuesta para que la Policía Nacional comprendiera que no es un tema de imagen institucional, sino un asunto  de salud e identidad étnica. De ahí la necesidad que las mujeres afro pudieran lucir su cabello natural junto con los uniformes en horas de servicio.


También la importancia de contemplar alternativas de inclusión  con algunos elementos del uniforme como podría ser una afrogorra, un turbante policial, etc., que permita continuar con los esquemas doctrinales de la institución, pero a su vez tenga encuentra que estamos en un país con seres humanos étnicamente diferentes y que, como es este caso la gorra o kepis diseñado actualmente en la institución, no es posible usarlo con la textura natural del cabello afro.


Dicha propuesta contó con el apoyo de la señora vicepresidenta Francia Márquez quien es una fiel defensora de los derechos étnicos. Ella puso en conocimiento esta afectación ante el ministerio de defensa y el director de la Policía Nacional. Y finalmente, el propósito de Martha, y muchas mujeres afros de la institución que han sufrido en silencio, se cumplió: ascendió a Mayor con su cabello afro e hizo historia para que ninguna mujer negra militar o de la Policía, se quede calva por culpa de estos prejuicios racistas y poco incluyentes.


“Debo confesar que en algunos momento sentía temor de expresar este sentimiento con el cual sé que muchas mujeres afro se identifican, pero la gallardía de nuestra vicepresidenta Francia Elena Márquez Mina, la  motivación de Edna Liliana Valencia, los asesores  Yoseph,  Nasly, Jose Jhon, Darwin y demás integrantes del equipo de la vicepresidencia, me inspiraron y me recordaron el compromiso que como Oficial afro debía cumplir en busca del reconocimiento de la identidad cultural como expresión simbólica de la inclusión del cabello afro como una forma de cuidar la salud de la mujer y la diversidad étnica en la Policía Nacional. Agrega esta guerrera que hoy logró sentar un precedente para las generaciones presentes y futuras.


Cabe recordar que la Policía Nacional de Colombia ya ha reconocido el derecho de otros pueblos étnicos a lucir uniformes acordes con su cultura. Específicamente en cuanto al pueblo indígena Wayuu en cuyo caso las mujeres policías cuentan con una manta policial que hace parte de sus uniformes oficiales. Bajo esta premisa, la población afrocolombiana también tendría derecho a mantener su identidad cultural. Más aún tratándose, no de un vestido, sino de una parte del cuerpo que no se elige, pero se ama, como lo es el cabello.

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