El hecho ocurrió en el tramo entre Pelaya y Aguachica, cuando los vehículos reanudaban su recorrido tras un represamiento ocasionado por un bloqueo campesino. Según las primeras versiones, los delincuentes, que se movilizaban en motocicletas y en una camioneta Toyota blanca, cerraron el paso, intimidaron con armas de fuego a los conductores y huyeron con los cabezotes y toda la carga.
Aunque las autoridades aún no han precisado el número exacto de camionetas hurtadas, este tipo de transporte puede movilizar entre ocho y doce vehículos por tractocamión, por lo que el millonario botín podría superar la veintena de automotores. Los remolques habrían sido abandonados posteriormente, mientras los responsables escaparon con los vehículos robados.
Tras el asalto, comenzaron a circular versiones sobre un posible traslado de la carga hacia corredores alternos con destino a la región del Catatumbo; sin embargo, esa información no ha sido confirmada oficialmente. Entre tanto, la Policía y el Ejército mantienen un amplio operativo para ubicar los vehículos e identificar a los responsables.

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