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Todos los días se levanta a las cinco de la mañana, como cualquier otro colombiano, con la intención de llegar a trabajar como vigilante. Pero Éver Galeano, como se llama este monteriano, no es un trabajador común. Mucho menos un guarda de vigilancia corriente. Es una persona registrada ante la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada como vigilante y abogado. 




Este monteriano pasó cinco años leyendo códigos y haciendo trabajos en la facultad de la Universidad Luis Amigó, que en abril le otorgó el título.




Con 42 años de vida, 17 dedicados a la labor de vigilancia privada, Ever Enrique Galeano Mendoza completó los estudios de pregrado que lo acreditan como abogado de la Universidad Luis Amigó de Montería, en la que prestaba sus servicios de seguridad.




El nuevo profesional se hizo popular en los pasillos de ese claustro académico, pues muchas veces le tocó recibir clases uniformado y empuñando la tonfa que le entregan a los ‘guachimanes’ como herramienta de dotación.




“Mis turnos de seguridad en la noche me servían mucho, porque tenía tiempo para leer, estudiar, indagar, dedicarme al estudio. Yo hacía las rondas y regresaba a mi puesto a seguir estudiando, de esa forma desarrollé la rutina y aproveché el tiempo”.




Las zonas con iluminación y mayor ángulo de visión eran las preferidas del vigilante, que se ubicaba de manera estratégica para no dejar de lado la rigurosidad de su labor.




“También me daban permisos de acceder a la biblioteca y disponer de equipos tecnológicos, aunque eso es algo que nos prohíben en el servicio, pero gracias a Dios conté con ese apoyo y comprensión de mis superiores”, dice.




Este logro en su vida como profesional, obviamente se lo debe a su deseo de superación; sin embargo, Ever Galeano asegura que en el camino recibió apoyo de sus jefes, de las directivas de la alma mater, e incluso, de los sinsabores de la vida, de los que utilizó como leña para atizar la llama del éxito.



Éver junto a sus papás Medardo y Gertrudis, su hijo Éver y sus sobrinas Sharon Galeano y Emily Plaza, en una pequeña celebración por el título recibido.


“Agradezco al rector de la Universidad, Víctor Antonio Terán Reales, quien cuadró con mis jefe los estudios y horarios de trabajo”, recuerda con gratitud.




Si bien Ever no se siente disminuido en su labor de vigilante, tuvo que superar momentos en los que trataron de descalificar su función, lo cual recuerda con sentimientos encontrados.




“Tuve una relación amorosa, pero cuando ella se graduó de psicóloga me dejó porque dizque yo siempre sería un vigilante dedicado a abrir y cerrar puertas. Ese hecho fue un reto para demostrar que sí podía salir adelante, aunque mi trabajo no es indigno, y gracias a eso alcancé lo que hoy tengo: mi título de abogado”, afirma.




Durante el trayecto encontró a personas que lo animaban a no ceder en los estudios, y quitarse de la cabeza aquello de que era viejo para esos ‘trotes’.




“En el 2014 tenía 35 años, me había divorciado y criaba a dos hijos adolescentes. Estudiar no era la primera opción. Sin embargo, un día un profesor que salía de dar clases en la universidad me contó sobre la experiencia de personas que siendo celadores habían estudiado, y ya no estaban en esos cargos. Le respondí que me sentía muy viejo para eso, aunque la idea me quedó sonando”, señala.




Los meses pasaron desde aquella conversación, pero esas palabras animaron a Galeano Mendoza a gestionar un préstamo con el Icetex para estudiar el primer semestre de derecho.




“Inicialmente acudí al Icetex, luego Prosegur –la empresa para la que trabajo– me gestionó una beca que pude mantener con mi alto promedio de notas”, relata con humildad.




La ceremonia de grado se realizó el pasado 30 de abril en un acto sencillo, por las medidas de bioseguridad. Fue un momento cargado de mucha emoción para Ever, pues se recibía en el claustro en el que “abría y cerraba puertas”, como le dijo su antigua novia.




Antes de ingresar a la empresa de vigilancia, la historia de Galeano se remonta a un hogar con una situación económica crítica. “Con mi madre soltera y dos hermanos menores no teníamos de qué vivir, así que cuando me gradué de bachiller me fui a prestar el servicio militar”, señala.




La experiencia en la milicia le permitió conocer  derecho administrativo y procedimiento civil, aunque solamente archivaba documentos en las oficinas de sus superiores.




“Nos dictaban muchas clases sobre procedimiento legal, sobre los derechos que uno tiene como soldado”, acotó. Una vez culminado el servicio militar Ever Galeano estuvo desempleado durante cinco años, realizando oficios varios.




“En 2004 fui admitido  en el grupo de vigilancia privada de la Universidad Luis Amigó en Montería, y desde entonces he completado más de 17 años al servicio de la compañía Prosegur”, indica.




Para Ever el derecho no solo es una herramienta de trabajo, también es una forma de acceder a los derechos que la propia persona considere vulnerados.



“Cuando andaba en una relación fui denunciado por alimentos, y entonces entendí el derecho, y precisamente era el derecho de familia una de las clases que más manejaba porque ya eran cosas que me había tocado vivir en los estrados”.




Ever Enrique reside con su madre, Gertrudis Mendoza, en el barrio Cantaclaro, sur de Montería. Es el mayor de tres hermanos y tiene dos hijos, Iván Andrés y Ever Devid, de 22 y 17 años.




“Me hago cargo de mi mamá, en especial ahora por la pandemia que no me afectó en mis estudios porque ya había terminado y solo veía una materia. Las clases eran a distancia, los viernes desde la 1:00 de la tarde, y sábado todo el día,  presencial”.




Ever sigue de vigilante, y planea continuar estudios de formación superior en derecho de familia, derecho laboral y seguridad civil. Sueña también con su propia firma de abogados.“Ahora pienso dedicarme al tema de los derechos humanos”.




Define su nueva profesión como una función social en la que el abogado debe estar al servicio de la comunidad.




“Por eso me inspiré,me motivé a estudiar el programa de derecho bajo el entendido de que la sociedad requiere de abogados íntegros para beneficio de la comunidad”, concluyó.


Tomado: Oscar Cuello.

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